SEPLA Noticias

07/08/2018
¿Estamos preparados para volar con un solo piloto?
Hasta la fecha, ninguna tecnología ha sido capaz de suplir la habilidad y la capacidad de interpretar y solucionar problemas que tiene un piloto profesional bien entrenado.

Desde que el banco UBS lanzara el pasado verano un estudio sobre el ahorro económico que supondría para las aerolíneas reducir de dos a uno los pilotos que vayan a los mandos de un avión, el debate sobre los aviones con un solo piloto o incluso sin piloto parece sobrevolar la industria de la aviación. Las principales constructoras, Airbus y Boeing, han encargado a empresas tecnológicas el desarrollo de sistemas que permitan reducir el número de tripulantes en los vuelos transoceánicos para eliminar la tripulación reforzada. No hay, hasta la fecha, ningún argumento sobre la efectividad o los beneficios para la seguridad que dicha medida podría traer para la aviación. Sólo motivos económicos.


De nuevo, se señala al factor humano como la única variable sobre la que se puede reducir costes. Según UBS, pasar de dos pilotos a uno sólo supondría para las aerolíneas un ahorro de 13.000 millones de euros anuales, y de 30.000 millones en caso de eliminarlos por completo de la cabina. Vale la pena recordar que, a día de hoy, los costes asociados al mantenimiento de la aeronave y el combustible siguen siendo, de largo, la partida más cara para cualquier aerolínea.


Resulta chocante escuchar predicciones de un futuro sin pilotos hechas por la misma industria que proclama a bombo y platillo la necesidad de miles de pilotos en los próximos años. Una promesa de carrera que está haciendo que muchos de nuestros jóvenes inviertan enormes cantidades de dinero –hipotecando, en ocasiones, una vida entera- para apostar por una profesión que, al mismo tiempo, tratan de sustituir por máquinas o sistemas remotos.
Los pilotos no van en contra del avance, mucho menos del progreso. Los pilotos asumen que la tecnología puede suplir la labor manual en los aviones en muchísimos aspectos. En sólo 40 años, hemos pasado de cinco a dos personas en la cabina de un avión sin refuerzo de tripulación. Se ha eliminado al operador de radio, al navegador y al ingeniero de vuelo. A pesar de ello, SEPLA sigue creyendo creyendo que es prematuro hablar de un solo piloto en la cabina. ¿Por qué?


La tecnología actual sigue sin ser capaz por sí sola de dar la confianza suficiente a los pasajeros. Sólo el 17 por ciento de los entrevistados por UBS para medir la aceptación de su propuesta de eliminar los pilotos estaría cómodo subiendo a un avión sin piloto al mando. Esto es así por un motivo muy sencillo: el valor del factor humano para despertar confianza entre los usuarios. Ese es el pilar esencial de cualquier economía. Los pasajeros confían en los pilotos porque saben que se juegan lo mismo que ellos cuando suben a un avión.


Los pilotos trabajan en un entorno dinámico y cambiante, donde deben saber prever cambios en la temperatura y tener un amplio conocimiento de las amenazas externas, desde pájaros hasta drones. Tienen que tener en consideración el bienestar de los pasajeros y del resto de la tripulación, el comportamiento de los pasajeros conflictivos, el mantenimiento de la aeronave, los fallos técnicos o el estado de las pistas, si hay hielo o agujeros, si todo se ajusta al plan de vuelo previsto.


Para todo ello, aplican su juicio, basado siempre en los conocimientos adquiridos tras años de formación y entrenamiento. Asumen los mandos de nuestros aviones con el entrenamiento suficiente para afrontar cualquier tipo de eventualidad, a la que no siempre saben responder los automatismos del avión. Los pilotos intervienen cuando los automatismos fallan, y lo hacen a diario.


En definitiva, los pilotos no se niegan a asumir la tecnología como una compañera de profesión. Pero no sacralicemos su uso. La informática es también vulnerable a ataques externos.


Los pilotos son el garante último de la seguridad de nuestros aviones, en los que también ellos van a bordo. Los pilotos son el último eslabón, y su criterio es vital para el buen desenlace del vuelo. Por supuesto, no son máquinas ni computadoras. Están sujetos a cometer errores, como cualquier persona en su trabajo. Por ello, SEPLA apuesta por una formación de calidad, que priorice el conocimiento por encima del coste y que no menosprecie el valor del entrenamiento manual. Conociendo los aviones, más allá de sus sistemas de gestión y sus algoritmos, los pilotos sido capaces de salir de situaciones que un ordenador no hubiera sabido interpretar. Y lo seguirán haciendo con la profesionalidad que nos caracteriza

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