Did you know...?

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¿Sabías que British Airways se haría con el control de Iberia a precio de saldo?

Pero más allá del razonable interés por establecer una alianza sólida con otra gran compañía europea, al estilo de Air France y KLM, para constituir un grupo fuerte que pudiera hacer frente al resto de competidores europeos, parece que dicho interés escondía otras intenciones poco beneficiosas para Iberia.

Desgraciadamente y tras dos años transcurridos desde la fusión, la realidad demuestra que el interés de British por Iberia iba más allá de una pura estrategia empresarial de crecimiento y fortaleza de ambas compañías.

En 2007, ya habían realizado un primer intento de hacerse con Iberia de la mano del grupo TPG (Texas Pacific Group), mediante OPA por un valor aproximado de 1.700 millones de euros, cuando Iberia disponía en caja de 3.000 millones. Dicho intento fue abortado entonces por la compra, por parte de Caja Madrid, del paquete que vendían BBVA y Logista, cuyo consejero en Iberia por aquel entonces era Antonio Vázquez, actual presidente de Iberia e IAG. ¿Casualidad?

Tras el frustrado intento de adquirir Iberia sin soltar un euro, operación que por cierto intentan ahora realizar con Vueling, comenzaron las negociaciones para la fusión entre el anterior presidente de Iberia D. Fernando Conte y los representantes de British Airways encabezados por su CEO, Willie Walsh, quien había conseguido meter a su empresa en unas pérdidas cercanas a los 600 millones de libras esterlinas.

Desde el principio de dichas negociaciones entre IB y BA, ya empezaba a asomar la punta de un escollo importantísimo que a punto estuvo con enviar a pique el proyecto de dicha alianza: el fondo de pensiones de British Airways.

Dos años más tarde, y tras la imposibilidad de alcanzar un acuerdo, debido principalmente al mencionado problema con el déficit de las pensiones de los británicos, Fernando Conte fue sustituido por el actual presidente y anterior consejero de Logista, D. Antonio Vázquez, quien volvía a Iberia tras vender a compañías británicas y a precios de saldo, los restos del tejido industrial español; Osborne, Tabacalera y finalmente Altadis.

Tan sólo 6 meses después de su llegada, junto al consejero delegado actual Sánchez-Lozano, ya había conseguido llegar a un acuerdo y se firmaba el MOU (Memorandum Of Understanding), paso previo al acuerdo de fusión que se firmaba exactamente a los 10 meses de su aterrizaje en Iberia. Llama desde luego la atención la celeridad con la que los Sres. Vázquez y Lozano alcanzaron un acuerdo que se ha revelado como tremendamente lesivo para los intereses nacionales y de la aerolínea española.

Y no queremos entrar a discutir aquí si ciertas acciones son legales o no, en un sentido estricto de la palabra. Lo que se discute es si son morales, si son éticas, incluso si son decentes. Y en mi humilde opinión, desde luego no lo son.

Parece que en aras de la libertad de empresa todo vale, siempre que se beneficie al accionista. Sin embargo, convendría hacerse una pregunta. ¿De verdad que no perjudica a los antiguos accionistas de Iberia el canje de sus acciones por las de IAG, un Holding lastrado por los fondos de pensiones de British, que le impide repartir dividendos y que podría arrastrar a Iberia en su caída? Alguien, tarde o temprano, tendrá que responder a dicha cuestión.


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